sábado, 1 de junio de 2019

N° 35 -  Sábado 1 de Junio 2019

Con un oído en el pueblo y el otro en el Evangelio -

MISIÓN ATACAMA

N° 35 – Sabado 01 de Junio de 2019
Comunidad Atacama SS.CC.
Diego de Almagro





- Con un oído en el pueblo
y el otro en el Evangelio -




Mártires del Concilio Vaticano II


El último fin de semana de abril vivimos como comunidad una hermosa experiencia: fuimos a La Rioja a participar en la beatificación de los mártires Mons. Enrique Angelelli, el sacerdote Gabriel Longueville, el hno. franciscano conventual Carlos de Dios Murias y el laico Wenceslao Pedernera.




Partimos en nuestra camioneta el jueves 25 de abril, de madrugada. Nos acompañaba el P. Juan Barraza, párroco de Caldera. Después de una espera de tres horas en el control fronterizo chileno (no por congestión de turistas -de hecho, éramos los únicos-, sino porque al permiso de la camioneta le faltaba la firma del notario), nos adentramos en tierras argentinas de la provincia de Catamarca, y luego en tierras riojanas. Llegamos a La Rioja el jueves en la noche. Allí nos esperaba Ricardo Sotomayor ss.cc. para llevarnos a nuestro lugar de hospedaje.

El viernes 26 nos fuimos a la plaza de La Rioja donde se habían instalado varias carpas en las que se realizaban diversas actividades preparatorias a la beatificación. Tuvimos la oportunidad de conocer personas que fueron testigos que compartieron la vida y la acción pastoral con los mártires. Conocimos también a la esposa y las tres hijas del laico Wenceslao Pedernera. Había en el ambiente una gran alegría. Los testimonios que fuimos escuchando eran conmovedores, por un lado, por la tremenda labor pastoral de estos mártires en favor de los más pobres: los campesinos, las mujeres, los trabajadores. Y, por otro lado, por la reivindicación que significaba esta beatificación, después que la memoria de estos mártires fue vilipendiada constantemente por el Estado y por la misma jerarquía de la Iglesia.




Impactante fue el testimonio de María Rosa, hija de Wenceslao Pederneras que nos contó que su padre se convirtió ya adulto, cuando fue a una novena de la Virgen y escuchó la predicación del sacerdote. De ahí en adelante se comprometió a fondo en la Iglesia, especialmente en la formación de laicos. Nos impresionó también la sabiduría de Mons. Angelelli que supo valorizar las expresiones religiosas del pueblo. Nos ha quedado resonando la frase que tanto repetía: “Con un oído en el pueblo y el otro en el Evangelio”. Por ejemplo, cuando hacía las visitas pastorales iba acompañado de San Nicolás. La visita la hacía con el santo patrono. Y, así, le preguntaba a la gente: “¿Qué le quiere contar a San Nicolás de lo que ustedes viven?, “¿Qué le quisiera pedir a San Nicolás?”.

El sábado 27 nos fuimos temprano al parque donde se iba a realizar la beatificación. El ambiente era de fiesta. Poco a poco fue llegando la gente, entre ellos varios familiares de los mártires. Había también muchas autoridades. La verdad es que echamos de menos una petición de perdón tanto de las autoridades del Estado argentino, como de los miembros de la jerarquía de la Iglesia por la postura permanente que tuvieron contra los mártires que ahora eran beatificados. La celebración fue alegre, acompañada de cantos litúrgicos con ritmos y melodías folclóricas. Todos comentábamos que esta celebración sí que era del pueblo, no como la misa del día anterior que había sido excesivamente formal.

Hubo algunos momentos especialmente significativos: la lectura del decreto de beatificación, la entrada de las reliquias cargadas por los familiares de los mártires, la protesta de algunos “curas en la opción por los pobres” contra la vicepresidenta de Argentina Gabriela Michetti (levantaron un lienzo que decía “Michetti… el gobierno nacional insulta la memoria de nuestros mártires”).



Pero, sin lugar a duda, lo más impresionante fueron las palabras del enviado papal, el cardenal Giovanni Angelo Becciu. Mientras hablaba nos parecía soñar: tanta claridad, tanto sabor a evangelio, nada de eufemismos (de hecho, su homilía fue interrumpida varias veces por aplausos y gritos: “¡Eso es!”, “¡Muy bien!”, “¡Al fin!”). Algunas de sus palabras se nos quedaron grabadas en la memoria:

“Ellos fueron testigos fieles del Evangelio y se mantuvieron firmes en su amor a Cristo y a su Iglesia a costa de sufrimientos y del sacrificio extremo de la vida. Fueron asesinados en 1976, durante el período de la dictadura militar, marcado por un clima político y social incandescente, que también tenía claros rasgos de persecución religiosa. El régimen dictatorial, vigente desde hacía pocos meses en Argentina, consideraba sospechosa cualquier forma de defensa de la justicia social. Los cuatro Beatos desarrollaban una acción pastoral abierta a los nuevos desafíos pastorales; atenta a la promoción de los estratos más débiles, a la defensa de su dignidad y a la formación de las conciencias, en el marco de la Doctrina Social de la Iglesia. Todo esto, para intentar ofrecer soluciones a los múltiples problemas sociales.


“Se trataba de una obra de formación en la fe, de un fuerte compromiso religioso y social, anclado en el Evangelio, en favor de los más pobres y explotados, y realizado a la luz de la novedad del Concilio Ecuménico Vaticano II, en el fuerte deseo de implementar las enseñanzas conciliares. Podríamos definirlos, en cierto sentido, como ‘mártires de los decretos conciliares’.





“Fueron asesinados debido a su diligente actividad de promoción de la justicia cristiana. De hecho, en aquella época, el compromiso en favor de una justicia social y de la promoción de la dignidad de la persona humana se vio obstaculizado con todas las fuerzas de las autoridades civiles. Oficialmente, el poder político se profesaba respetuoso, incluso defensor, de la religión cristiana, e intentaba instrumentalizarla, pretendiendo una actitud servil por parte del clero y pasiva por parte de los fieles, invitados por la fuerza a externalizar su fe solo en manifestaciones litúrgicas y de culto. Pero los nuevos Beatos se esforzaron por trabajar en favor de una fe que también incidiese en la vida; de modo que el Evangelio se convirtiese en fermento en la sociedad de una nueva humanidad fundada en la justicia, la solidaridad y la igualdad.”



Participar en la beatificación de los cuatro mártires riojanos fue revitalizador. Ver una Iglesia viva, arraigada en el pueblo, con una mística evangélica, cercana a los pobres y su cultura. Fue un aire fresco y un aliciente para soportar este invierno eclesial que vivimos en Chile.

En el viaje de regreso veníamos colmados de alegría. Y, como si eso fuera poco, la alegría fue mayor todavía con la pasada a las termas de Fiambalá y el majestuoso espectáculo de la cordillera de los Andes: los cerros de piedra roja, los infinitos prados amarillos, los guanacos recelosos y curiosos, las montañas de más de seis mil metros de altura, la laguna verde y su espejo de agua, los paisajes que parecían de otro planeta, los flamencos vestidos de gala, etc., etc.


Conmemoración del primero de mayo


El miércoles 1 de mayo tuvimos en la parroquia una conmemoración muy especial por el día de los trabajadores. Estaban presentes varias autoridades de Diego de Almagro, dirigentes sindicales, junto a la comunidad parroquial y otras personas que acogieron nuestra invitación. En total, poco más de 100 personas.

Luego de la bienvenida, cantamos el himno nacional, el cual fue seguido de un breve discurso del Párroco, Alex Vigueras ss.cc. (ver texto más abajo). La gran sorpresa fue el grupo musical que venía de Copiapó: “Las voces del Checo”. Todos quedamos sorprendidos con su tremenda calidad musical, además de un repertorio muy acorde a la celebración del día de los trabajadores y trabajadoras, buena parte del cual eran composiciones originales. Escuchamos también los discursos de Gustavo Rivera, presidente del sindicato de Pirquineros de Diego de Almagro y … presidente del sindicato de profesores. Nos deleitaron también con su música René Vallejos y su hija Coni y el grupo … de la ciudad vecina de El Salvador… Particularmente bellas fueron las coreografías del grupo folclórico local Llajtaymanta. Las personas que asistieron quedaron contentas por la calidad de las presentaciones, los mensajes de los discursos y la atención que recibieron con sopaipillas, té, café, queques, jugos, bebidas, etc.

Así también, los miembros de la comunidad parroquial estábamos satisfechos de este homenaje a los trabajadores que, además, nos hizo vivir algo de esa Iglesia en salida que nos está pidiendo el Papa Francisco.






















Palabras del párroco en el acto del 1 de mayo

Bienvenidas, bienvenidos a nuestra parroquia.

A más de alguien la parecerá extraño conmemorar el día del trabajador y la trabajadora aquí en la parroquia. Tal vez se lo explican porque este sería un lugar neutral. Pero no, como cristianos no podemos ser neutrales.

Una parte relevante de la misión de la Iglesia es manifestar públicamente, por un lado, la dignidad del trabajo; y, por otro lado, la dignidad de la persona que trabaja. En efecto, el trabajo tiene una dignidad esencial porque nos asemeja al Dios creador: el trabajo crea, transforma el mundo, el trabajo es un acto de amor por los nuestros. ¡Cuánto sacrificio soportado para llevar el sustento a la familia! Y, por otro lado, el trabajador y la trabajadora tienen una dignidad que nunca puede ser avasallada. La persona que trabaja no puede nunca transformarse en un simple medio en función de un fin. Ella misma debe ser el fin del trabajo. Es decir, el sentido del trabajo debe ser el bien del ser humano, tanto del individuo como de la comunidad. En el trabajo nos realizamos, se realiza nuestra vocación. La tergiversación de esa prioridad de la persona es lo que escandalizó a Jesús cuando recordó que “el sábado es para el hombre y no el hombre para el sábado”. Hoy podríamos decir: “el trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo”. Esto es lo que en la Doctrina Social de la Iglesia se ha llamado “la dimensión subjetiva del trabajo”.

Es por eso que hoy tenemos la necesidad, la urgencia de denunciar aquello que amenaza a los trabajadores:

-          Un trabajo que los instrumentaliza y, por ello, el trabajador y la trabajadora no tienen un valor en sí mismos, sino solo en la medida en que son útiles al fin de la empresa o la institución. El fin último es el negocio, la ganancia, el mayor lucro posible. Es una visión utilitarista muy extendida en nuestra sociedad.

-          Un desarrollo que prescinde de ellas y ellos. Una manera de aumentar los beneficios es prescindir del mayor número posible de trabajadores, lo cual tiene como consecuencia la cesantía. Y, también, la creciente automatización que va reemplazando progresivamente a los trabajadores por máquinas. Vivimos en una cultura en que el trabajador y la trabajadora son descartables. Y cuánto dolor provoca ese descarte, cuánto sufrimiento de las familias, cuánta sensación de fracaso e impotencia. Cuánta pobreza y miseria y hambre.

-          Un sistema que hace más precarias las condiciones de los trabajadores y trabajadoras: trabajadores a honorarios a los que no se les pagan las imposiciones ni las vacaciones, sistemas de turnos que alargan las horas de trabajo de cada jornada, bajos sueldos.

En este contexto volvemos a decir: somos discípulos de Jesús, que se puso del lado de los más vulnerables, que denunció la opresión y la injusticia, que nos invitó a creer en nuestra dignidad sagrada de hijos e hijas de Dios. Y que nos invitó a construir un mundo donde esa dignidad resplandezca.

Somos herederos de una tradición profética que denunció la hipocresía, la usura, el aprovechamiento de los ricos y poderosos; y defendió el derecho de las viudas, los huérfanos y los pobres.

Con los profetas, con Jesús, queremos ponernos una vez más del lado de ustedes, del lado de los trabajadores. Por eso estamos aquí y queremos que sientan esta parroquia como su casa. Gracias.



Breves



Visita de Felipe, hermano de Claudio Carrasco


Desde el martes 21 de mayo hasta el domingo 26, nos visitó Felipe, hermano menor de Claudio Carrasco. Durante esa semana aprovechamos de llevarlo a conocer algunas de las atracciones de esta zona: el Salar de Pedernales, la Finca, la Viñita. Era la primera vez que visitaba el norte y, por eso, quedó muy sorprendido con los paisajes y, especialmente, con el desierto. Fueron días en que aprovechó también de descansar, leer, visitar la feria y algunas familias.





Encuentro de catequistas del Valle Norte

El sábado 25 de mayo se realizó en nuestra parroquia el primer encuentro de año de las y los catequistas del Valle Norte. Participaron catequistas de la parroquia de Chañaral y Diego de Almagro. Cada año las y los catequistas (catequesis familiar, bautismal, matrimonial, juvenil y prejuvenil) se reúnen en cada valle (norte, centro y sur) de la diócesis para recibir formación. Esta vez el tema -dado por la hermana Anita Schiavoni- fue el kerygma como núcleo esencial de la evangelización y, por tanto, de la catequesis.




Rostro: Ofelia Mondaca Brevichet



Cuéntenos algo de su familia

Nací en la Oficina Salitrera Catalina, cerca de Tal Tal, en 1958. Actualmente vivo con mi mamá, mi hija y tres nietos. Éramos 13 hermanos, pero 4 fallecieron cuando eran guagüitas. De los 9 que quedamos en esa época yo era la cuarta. Actualmente quedamos solo 6. Nos vinimos desde la Oficina Salitrera a Diego de Almagro cuando yo tenía 4 años. Mi papá falleció joven, a los 39 años, de silicosis, pues había trabajado en las minas desde que era niño. También era asmático. Cuando él murió yo justo estaba saliendo de octavo básico y tenía hermanitos y hermanitas de seis meses, dos años, cuatro años, así es que me tuve que poner a trabajar. Por esa razón tuve que continuar los estudios en la escuela nocturna. Hice toda la enseñanza media en la nocturna. Lo pasaba bien allí, nos llevábamos bien. En esa época no existía el bullying, éramos todos iguales. Nunca me sentí mal. La verdad es que no me costó el cambio a la nocturna. Creo que ayudó el hecho que éramos un curso pequeño de solo 7 alumnos, pues el liceo llevaba recién dos años funcionando. Mi mamá también tuvo que trabajar lavando y planchando. En esa época teníamos una amasandería, así es que yo me puse a trabajar allí como vendedora. Pero eso no funcionó. Tuvimos que cerrar como a los dos años. Ahí yo me fui a trabajar un tiempo a Salvador y, después, a Tal Tal, como vendedora en una tienda. Desde allá le enviaba cosas a mi mamá y a mis hermanos y hermanas. Pero luego regresé a Diego de Almagro porque mi mamá estaba sola. Tenía 23 años y llegué con mi hija que había nacido en Antofagasta. Había tenido una pareja con la que tuvimos a esta hija. Pero después de un tiempo nos comenzamos a llevar mal, así es que yo me vine no más.

¿En qué trabaja actualmente?

Trabajo en repostería. Hago tortas, roscas. Cuando la cosa está floja hago también empanadas o brazos de reina. Hago cosas y las ofrezco y las vendo. Las tortas las hago por encargo. Nunca tengo tortas hechas porque no me gusta vender cosas añejas. Gracias a Dios que no me falta padre, si de eso vivimos. Mi mamá tiene su jubilación de 100 mil pesos. Tal vez no es mucho lo que gano, pero gracias a Dios nunca me falta. ¡Nunca me falta! A veces no tengo tanto trabajo, pero no me falta. Lo bueno es que compro la harina, el manjar por cantidades grandes, entonces cuando no tengo mucho dinero, tengo al menos los materiales para seguir trabajando. Un tiempo me enfermé de los hombros de tanto amasar con el uslero y me enfermé también de la columna. Ahora tengo algunas máquinas que me han aliviado un poco el trabajo.

¿Qué buenos recuerdos tiene de su niñez?

Cuando uno es chica vive como pájaro, no alcanza a darse cuenta de lo que pasa en la vida, de lo malo. Nuestra mamá nos dio mucho cariño, y nunca nos faltó para comer. Teníamos, entonces, lo principal. Entre los hermanos nos llevábamos bien, aunque con uno de ellos peleaba harto porque era muy alzado con mi papá; pero después nos quisimos mucho. Siempre nos ayudamos mutuamente. Éramos muy unidos. Hubo momentos difíciles, pues mis hermanas chicas no tenían lo que necesitaban. Pero lo más importante fue el cariño de mi mamá. Nos faltaron muchas cosas materiales, pero nunca nos faltó el cariño. Mi mamá nos mantuvo bien unidos.

¿Y cómo fue surgiendo en usted la fe?

Cuando era chica siempre escuchaba a mi mamá. No íbamos a la Iglesia -no había tiempo, pues nos pasábamos todo el día trabajando-. Siempre le rezábamos al Señor y a la Virgen. Ahí nos entró la semillita de la fe. Pero después, cuando mi hija hizo la primera comunión, yo empecé a participar. La hermana Anita Estévez, de las Obreras de la Cruz, me invitó a la comunidad que recién había fundado. Yo me integré y me gustó mucho. Blanca con Luis me prepararon a la primera comunión con mi hija. Eran temas hermosos, a mí me gustaba mucho ir. ¡No faltaba a esas reuniones! Después me quedé en la comunidad con Anita, como dos o tres años. El año 1995 ella tenía que irse de Diego y, por eso, le dijo al p. Eduardo Ávalos: “La Ofelia se va a hacer cargo del grupo”. Así es que quedé a cargo. Yo no quería, no me sentía preparada. Después hice un curso de teología de seis meses, en un plan a distancia que ofrecía la Universidad de Antofagasta. Éramos como 7 de la parroquia haciendo el curso. El p. Eduardo nos enseñaba, nos hacía las pruebas y las mandaba a Antofagasta. Eso me ayudó bastante. Y después, ¡tantos cursos de formación que hemos tenido! Tuvimos mucha preparación con el P. Eduardo, el P. Francisco Javier Medina. En esos cursos de teología a veces hay cosas que uno no comprende, cosas que son como contradictorias con la fe que una tenía. Esas cosas eran las que el padre nos explicaba. Creo que es por eso que muchas personas que estudian teología dejan la fe de lado. Lo importante es la fe en el Señor. Siempre le pido a él que aumente mi fe.

Desde ese tiempo soy guía de la comunidad, hasta ahora. Nadie quiere ser guía porque a la gente le cuesta asumir compromisos. ¡Llevo como 25 años a cargo de la comunidad! La gente dice que no está preparada. De la comunidad original quedan como tres. Ya han fallecido 8 personas del grupo original. Durante un tiempo fui también coordinadora de las Comunidades de la Parroquia.

Cuéntenos algo de la vida de su comunidad

En mi comunidad estamos bien unidas. Todas somos iguales y por ello no podemos hacer distinciones. La comunidad ayuda para ir cambiando como persona, porque uno va aprendiendo la Palabra de Dios. Uno hace cosas malas, cosas que no debe, pero la palabra de Dios nos va enseñando a sacar lo malo que tenemos, a ser mejores personas. En la comunidad las personas comparten su vida. Hemos pasado momentos alegres, otros de tristeza. Hay personas que han sufrido mucho durante su vida. En una ocasión nos tocó un tema en el que teníamos que recordar nuestra niñez. A mí me gustó ese tema -la niñez solo me evocaba felicidad- y lo llevé a la comunidad pensando que iba a ser una bonita reunión. Nunca imaginé que una de las personas de la comunidad hubiese sufrido tanto desde chica. Había sufrido una y mil cosas malas de parte de su mamá y su abuela. Me sentí muy mal. También compartimos las cosas alegres. Eso es bueno para nosotros.

La Palabra de Dios es lo principal. Lo primero que vemos en cada reunión es el tema con el texto bíblico. Se va desmenuzando la palabra de Dios. Vamos aprendiendo de todas. Todas, todas participan en la comunidad, ninguna se queda callada. Hay personas que no saben leer pero entienden mejor que nosotros, nos dan clases, son muy sabias. Yo les digo que no se tienen que sentir mal. Tenemos que respetarnos pues todas somos distintas. Igual hay problemas porque somos diferentes, pero nos hemos ido adaptando.

A usted se le ve siempre de buen ánimo, ¿cómo lo hace cuando hay conflictos?

Yo le pido mucho al Señor. Yo creo que él me ayuda, me da fortaleza. Un tiempo teníamos una persona en la comunidad que era muy alterada y conflictiva. Le hacíamos ver y ella después pedía perdón. Siempre le pido al Señor que nos ayude a ser mejores personas; es lo que le digo siempre a la comunidad. No podemos hacer siempre lo que nosotros no más queramos. Igual con mi mamá tenemos conflictos y con los niños, pero no pasan a cosas más graves porque las arreglamos antes.

¿Cómo vive su propia experiencia de fe?

Yo todos los días, cuando me despierto, le doy gracias al Señor por el día y rezo el rosario antes de levantarme. Mi mamá hace lo mismo. Si tengo que levantarme muy rápido también lo hago. Por ejemplo, ayer con mi mamá tuvimos que ir al hospital, así es que recé el rosario en el hospital. Yo oro mucho. Todo el día estoy trabajando y orando a la vez, pidiéndole al Señor por tantas cosas. El rosario lo rezo lleno de oraciones: en el primer misterio rezo pidiéndole perdón al Señor y dándole gracias por lo que me da cada día; en el segundo misterio le pido al Señor por el Papa y por toda la Iglesia católica, por los sacerdotes, y por lo que no creen, para que aumente nuestra fe; en el tercero pido por todos los enfermos de nuestra familia y todos los enfermos en general, en especial por los que sufren más; en el cuarto pido por nuestro pueblo, las autoridades, las personas más necesitadas, para que él nos proteja de catástrofes; y en el quinto hago peticiones más generales, pido por mi familia, para que nos mantenga siempre unidos, para que nos consuele cuando algunos se van.

Siempre leo y medito la Palabra y voy sacando lo que el Señor me quiere decir, las cosas que tengo que arreglar, lo que tengo que hacer. En la noche también rezo, antes de acostarme. Le agradezco al Señor por el día, por las personas que necesitan, le pido por muchas cosas. Durante el día igual estoy haciendo cosas y orando, para que nos de la fuerza y no decaigamos como cristianos.

viernes, 31 de mayo de 2019



N° 34 -  jueves 25 de Abril de 2019 
- Arrodillados pero no Derrotados -

MISIÓN ATACAMA

N° 34 – Jueves 25 de Abril de 2019
Comunidad Atacama SS.CC.
Diego de Almagro



 ARRODILLADOS PERO 
NO DERROTADOS

Conmemoración en el Machu



El lunes 25 de marzo realizamos una velatón conmemorativa de los cuatro años del aluvión del 2015. Invitamos a todos los que quisieran a reunirnos en el Machu (así le dicen al “Machupichu”, un cerro que queda en medio de la ciudad). Quisimos hacerlo ahí, porque este cerro fue muy importante en el aluvión. El relato que sigue, de Jimena Lamas, nos cuenta algo de lo que allí sucedió:

“Como el agua seguía subiendo, nos dijeron que teníamos que salir de ahí, por precaución. Y si se hacía tarde, ¡cómo salíamos! Así es que, después de darle algo de comer a los niños (Matías de 12, Lucas de 10 y Francisca de 5 años), tuvimos que subir al Machu. Eran como las 10 y media de la mañana.
En el Machu había mucha gente, mucha (poco más de 800). Una vecina se nos descompensó, porque era diabética; estaba muy afectada por tanto movimiento, no la podíamos hacer reaccionar. Sinceramente, lo único que me preocupaba era que los niños no percibieran lo fuerte que estábamos pasando. Yo soy super fuerte. Por eso traté de no mostrarme con miedo. Fue un momento no más: cuando vi que entró el barro, se me cayeron unos lagrimones y como yo soy mala para llorar, como que a los niños les causó hasta gracia… “¡Mi mamá está llorando!”
Cuando partimos al cerro eché en una mochila leche, traté de echar lo que más pude, subí al cerro con ellos cargados de frazadas y otras cosas. Ahí en el Machu les acomodé un ladito para que pudieran estar. Y llegaba mucha gente, mucha. Hubo dos jóvenes que subían y bajaban el cerro trayendo cosas: una cocina, ollas, paquetes de arroz. La verdad es que pasaban las horas y yo con otra señora que también andaba con niñitos, decidimos ponernos a cocinar algo, porque de lo contrario nadie iba a comer nada. Mucha gente estaba muy afectada, entonces, no hacían nada. Los jóvenes trajeron un balón de gas, una cocina, y armamos todo ahí. La verdad es que nunca en mi vida había cocinado tanto arroz. ¡Fueron como siete kilos! Hacíamos una olla, luego otra…Era tanta gente y nos alcanzó para todo el mundo. Cocinábamos, cocinábamos, cocinábamos. Cuando estaba listo un kilo de arroz, de inmediato preparábamos el otro kilo. Y así, empezamos por darle a los niños, a los que estaban enfermos, a los adultos. Las dos no más hicimos todo. Empezamos a almorzar como a las tres de la tarde.
Nosotros estábamos en un sector, pero hay otro sector en que había otro grupo de personas en las mismas condiciones, también cocinando. Arriba tienen como un museo y hay un bar, y nosotros nos metimos adentro de ese local. El baño estaba afuera, así es que yo salía de vez en cuando a respirar un poco, porque imagínese la cantidad de gente que había ahí… Y había mucha gente afuera, que estaban en carpas. Y seguía lloviendo, eso era lo terrible. Uno miraba desde arriba del cerro y se veía todo café, no se distinguía nada.
Como a las seis de la tarde yo bajé de nuevo del cerro, porque no tenía ropa para ponerle a los niños -estaba ya muy húmedo- y no quería que se me enfermaran. Así es que bajé, me metí de nuevo a la casa. Ya el agua había arrasado con todo: las camas estaban bajo el barro, los sillones… ¡y seguía subiendo el agua! Siguió pasando la hora y empezó a oscurecer, no había luz en ninguna parte. Cuando ya estaba de vuelta en el cerro empezó a salir la neblina, yo acomodé a los niños en un rincón: los tapé, los acosté. La verdad es que durmieron toda la noche. Mis ángeles se portaron un siete.
Yo no dormí nada. La verdad es que después ni siquiera había un lugar para sentarse. Yo acosté a los niños y, como había tanta gente que uno no había visto nunca (hombres, adultos, gente del circo, señores de empresa), puse una silla frente a los niños y me senté a cuidarlos mientras dormían.
Yo estaba muy mojada. De hecho, quedé con lo puesto…estaba embarrada entera, y no me preocupé de sacar ropa para mí, la verdad es que me preocupé del resto, nada más. La verdad es que ni siquiera tenía frío, estaba muy helado… fue cansador sí, muy cansador, porque era mucha gente y como mamá uno es preocupada y desconfiada. Entonces, me daba miedo dormirme teniendo a los niños ahí, y tanta gente durmiendo alrededor. A ratos me paraba y salía un poco para ver si dejaba de llover, volvía a entrar, volvía a salir. La verdad es que era una total oscuridad, total. Y afuera se escuchaban los golpes, los cilindros de gas que reventaban; se escuchaban explosiones afuera. Era horrible. Había mucha humedad. La hora no pasaba…hasta que gracias a Dios amaneció, dejó de llover, se fue la neblina.
El paisaje era catastrófico, terrible. Solo veías barro a tu alrededor. Porque, después se fue el agua, pero el barro quedó, quedó pegado; así es que bajamos. Las vecinas me dijeron: “Vecina, ¿y qué va a hacer?”. Como que yo era la más decidida parece, porque ellas me preguntaban a mí. “¿Nos quedamos acá?”. Yo les dije: “No, yo voy a bajar a ver si podemos estar en la sede de la junta de vecinos; ¡vamos para allá!, nos dijeron que podíamos estar allá si es que no hay barro”. Así es que bajé y las vecinas me siguieron todas. Éramos como 20.”






  

La noche del acto conmemorativo estaba agradable, no corría viento ni hacía frío. El ambiente era de paz y tristeza. En algunos momentos también nos reíamos cuando contaban las cosas divertidas que se vivieron en el Machu.
Después de reuniros a los pies del cerro encendimos nuestras velas y subimos en silencio. Lo primero que hicimos fue recordar a los hombre y mujeres y jóvenes que fallecieron ese día: Sebastián Cortés (un joven que falleció al quedar atrapado cuando intentaba cruzar el río), Fernando Ramírez y Oscar Ledezma (ambos camioneros), Raquel Gallardo (fue arrastrada por el río cuando el agua destruyó su casa), Álvaro Plaza (cadete de bomberos que cayó al cauce del río desde el techo del carro de bomberos cuando rescataba a un grupo de personas. Su cuerpo no ha sido encontrado. Varios integrantes del Cuerpo de Bomberos de Diego de Almagro estaban presentes en este homenaje) y José Espinoza (murió aplastado por un muro). Por cada uno de ellos encendimos una fogata, mientras cantábamos y orábamos.


Luego, subimos hasta la parte más alta del cerro. Allí compartimos lo que llevábamos para comer (mate, churrascas, sopaipillas, roscas, té, café, etc.), escuchamos algunos testimonios y nos deleitamos con un entretenido canturreo.
Especialmente emotivas fueron las palabras de los hermanos Javier y Macelo Castro. Javier dijo: “El aluvión nos puso de rodillas, pero no nos botó”. Y Marcelo recordó cómo fueron algunos vecinos los que tuvieron que gestionar la crisis y tomar las decisiones ante la ausencia de las autoridades. Recordó especialmente a los operadores de cargadores frontales y retroexcavadoras que salvaron a mucha gente, arriesgando sus vidas.
Fue una hermosa noche. Varios de los participantes comentaban al final que había sido un momento sanador; que habían recordado lo vivido con más paz, sin tanta angustia. Y agradecían a la comunidad parroquial por haberlos convocado.

Cambio en el equipo: sale Aós, entra Pizarro


El sábado 23 de marzo amanecimos con la noticia del traslado de nuestro obispo Celestino Aós a la Arquidiócesis de Santiago como Administrador Apostólico. Fue una sorpresa para todos. Justo estábamos en la Asamblea Diocesana en Copiapó, así es que don Celestino pudo contar lo que estaba viviendo y sintiendo con este cambio. Todos comprendíamos el tremendo desafío que tenía por delante: asumir la Arquidiócesis en un contexto tan complejo y en medio de una grave crisis. Él se veía tranquilo y confiado.



Recién el martes 23 de abril Mons. Aós vino a Copiapó a buscar sus cosas (había tenido que salir tan rápido para Santiago que no había podido llevarse casi nada) y aprovechó de tener un almuerzo de despedida con las religiosas, los diáconos y sacerdotes, además de una misa solemne con el Pueblo de Dios de Atacama. Fue una hermosa oportunidad para agradecerle todo lo que entregó a esta diócesis.
Y como la sede de Copiapó quedó vacante y no se nombró desde Roma un administrador apostólico, tuvo que reunirse el Consejo de Consultores que eligió a Jaime Pizarro, actual párroco de Chañaral, como Administrador Diocesano.

Semana Santa



Una hermosa Semana Santa tuvimos como comunidad parroquial. Acompañar a Jesús en su pasión, muerte y resurrección a través de la liturgia nos ha dejado contentos, animados, resucitados. Así constatamos una vez más que celebrar no es solo recordar, sino revivir.
Especialmente bella fue la celebración del Domingo de Ramos a cargo de la catequesis. Los niños, revestidos de blanco, llevaban carteles y ramas de palmeras en sus manos. Los mismos niños hicieron una conmovedora lectura de la pasión.



El Jueves Santo, preparado por las comunidades, nos sorprendió con una Iglesia dispuesta para una cena, con las bancas en torno al altar, adornado con hojas de parras, velas, panes y uvas. Especialmente bellos fueron el lavado de pies y la adoración al final de la celebración.
El Via crucis, preparado por los bailes religiosos fue particularmente hermoso, con bellas estaciones, con mucha gente acompañando. Especialmente significativas fueron la estación preparada por la pastoral del migrante en la que nos invitaron a comer “pululos” y “papas a la huancaína” de Perú y unos ricos bocados de Colombia. Fue en medio de la Villa Latina, un campamento en el que viven muchos migrantes, peruanos y, especialmente, colombianos. La estación preparada por la pastoral social estaba muy bien ambientada. Allí recordábamos el encuentro de Jesús con María, los cuales estaban representados por dos maniquíes cuidadosamente vestidos. Las encargadas de la estación confeccionaron esas ropas especialmente para el vía crucis. En la estación que preparó la pastoral juvenil recordamos a aquellos jóvenes que sufren en las escueles y liceos de Diego de Almagro por el bullying. En el suelo había una cruz hecha con sus mochilas. Ahí se les pidió a todos que, en unas palomitas blancas, escribieran aquello que le querían regalar a los jóvenes. En la XIII estación recordamos a los mineros, especialmente a Marcelo Aedo, fallecido recientemente en una manifestación en la subida a Potrerillos. Allí la cruz fue iluminada con las lámparas que utilizan en sus cascos. Luego, fueron los mismos mineros que cargaron la cruz hasta la última estación. En la última estación se puso en la cruz un corazón que tenía un árbol dibujado en el centro. De las raíces de este árbol salían cintas que eran sostenidas por la gente. Así se quiso simbolizar esa vida nueva que brota de la cruz y, más específicamente, del corazón de Cristo. Esa vida es la raíz de nuestra fe.


La vigilia pascual, preparada por la Comunidad Enrique Moreno fue especialmente bella. Una solemne liturgia del fuego, una liturgia de la palabra acompañada por un perfecto canto de los salmos. El ambiente era de alegría, de una sencilla fraternidad. Al final de la celebración todos recibimos unos frasquitos con agua bendita. Y rematamos compartiendo un rico chocolate con roscas y torta.
(Gabriel) También en Inca de Oro se vivieron todas las celebraciones de la semana santa. Fueron celebraciones sencillas y familiares. No nos complicamos demasiado. Es un caminar con un pueblo pobre y humilde. Las celebraciones son casi personalizadas: uno espera que llegue tal vecino, tal vecina, tal familia de la catequesis, el que está mirando en la calle tiene nombre... todo es con nombres. En el via crucis la gente quedó muy contenta y algunos comentaron que hace 25 años que no pasaba el via crucis por el sector que queda al otro lado de la línea del tren. Fue muy significativo para la gente un gesto que hicimos en el momento de la consagración de la vigilia pascual: cada uno de los asistentes tomó un pan y lo levantó en el momento de la elevación del Cuerpo de Cristo. Luego, lo dejaron de nuevo en la gran mesa al centro de la capilla y prosiguió la consagración. El día sábado fue René Vallejo a tocar la guitarra. Y antes de comenzar la vigilia pascual, como una manera de convocar a la gente, simplemente se puso a cantar. Cantó varias canciones. Fue un momento muy bonito. Un niño chico (bien chico) le dijo: “¡Que cantas bonito!”. Él se puso muy contento. Para mí fue un sencillo gesto pascual.


Breves

Concierto “Ruta de los violines para reparar el alma”



En el marco de l conmemoración de los cuatro años del aluvión del 2015, recibimos el sábado 30 de marzo a la “Agrupación Suzuki” de Copiapó con el concierto “Ruta de los violines para reparar el alma”. Fue un hermoso concierto presentado por niños, jóvenes y adultos y, también, dos exalumnas que se han dedicado a la música de manera profesional. Desde piezas básicas hasta otras más complejas nos fueron deleitando con sus armonías y cuidadas interpretaciones. Los que asistimos quedamos felices con este regalo y con el alma un poco más reparada.


Visita de Rafael Silva y Patricia Abarca



Los días lunes 25 y martes 26 de marzo recibimos la visita de Patricia Abarca y Rafael Silva. Además del interés por conocer la zona y la parroquia, aprovecharon para reunirse con Alex Vigueras para trabajar en torno a temas referentes a la Causa de Canonización de Esteban Gumucio y al trabajo en las parroquias. Patricia aprovechó de participar también en la “Velatón en el Machu”. Quedaron muy impresionados por la belleza del desierto y por la realidad minera de estas tierras de Atacama.





 Rostros: Patricio Paries


Cuéntenos algo de su trabajo y su familia

Soy contador, he trabajado ya durante 43 años en Diego de Almagro (DDA). Mi familia la forman mi señora, Edubina, y cuatro hijos: dos viven en la V región (en Viña del Mar y Quilpué) y dos en Copiapó. Tengo tres nietas.

¿Cómo llegó a DDA?
 Por causa del golpe militar. El año 73 yo estudiaba para contador público en la Universidad de Chile, sede Iquique. Mi familia vivía en ese tiempo en Recoleta y yo era el primero que salía a estudiar a la Universidad. Mi padre trabajaba como chofer de micros en Santiago. Los ingresos no eran buenos. El primer semestre no me había ido muy bien: me sentí con más libertad y no me dediqué a estudiar de verdad. Para tener algunos ingresos postulé a unas bolsas de trabajo que ofrecía la Universidad y entré a trabajar en una pesquera (en esa época la pesca era el fuerte del norte de Chile). Yo estudiaba en horario verpertino, así es que podía trabajar. De a poco fui escalando en esa empresa. El 73 me trasladaron al astillero de la Marco Chilena como jefe de personal, un cargo político. Tenía 23 años. Yo era militante del Partido Socialista (PS), no era dirigente. Ese año habíamos logrado sacar nuestra lista en las elecciones del Centro de Alumnos de la Universidad.
En esa época la Marco Chilena tenía serios problemas por la división de sus dos sindicatos por motivos ideológicos. Era tanto, que los partidarios del gobierno trabajaban de día y los opositores de noche. Después del golpe, el 20 de septiembre se reabrieron las empresas y entré a trabajar al mando de un Capitán de Corbeta que actuaba como delegado militar. Pocos días más tarde -el 29 de septiembre- me detuvieron y me llevaron al Regimiento de Telecomunicaciones de Iquique. Ahí me interrogaron preguntándome reiteradamente por las armas que, supuestamente, teníamos escondidas. El PS -dirigentes y militantes- fue el primero en caer en esos primeros días después del golpe. Después cayó el PC.
Estuve como un mes en el regimiento, hasta que a comienzos de noviembre nos enviaron a Pisagua a toda la plana mayor y militantes del PS. Allí, a fines de noviembre, tuvimos que enfrentar un consejo de guerra. Hace poco caí en la cuenta de que ese consejo de guerra fue el último que realizó Arellano Stark en la Caravana de la Muerte.  Fui condenado a pasar tres años de relegación en Pueblo Hundido (así se llamaba antes Diego de Almagro). Eso significaba que no habían encontrado razones para inculparme. Después de ese consejo de guerra fuimos 30 personas las relegadas, cinco fueron fusiladas y a los otros les dieron 10 y hasta 20 años de cárcel. La mayoría de los relegados fueron destinados al sur; solo a tres nos mandaron para pueblos del Norte: yo a Pueblo Hundido, Ulises Zambrano a Inca de Oro y Daniel Rojas a Domeyko. Estuve en Pisagua poco más de dos meses.
Me ocurrió en Pisagua que en cierta ocasión estuve esperando como dos días para que me interrogaran. Me sacaron de la celda y me dejaron en un baño con guardia y todo. Pero, luego, se olvidaron de mí. De repente alguien se dio cuenta de los cambios de mi guardia y de que estaban llevando comida para alguien. Recién ahí me interrogaron. Ese interrogatorio fue al aire libre, frente al teatro municipal de Pisagua, a pocos pasos de la playa. Me interrogó un capitán que volvía a preguntarme por las armas. En el teatro estaban presas las mujeres. De repente, en medio del interrogatorio el capitán se aleja, dejando ahí su arma de servicio. Y escucho la voz de una mujer que me dice: “No te muevas, no hagas tal de moverte y tomar esa arma. Te están observando”. Por eso supe que ahí estaban presas las mujeres. Al parecer mis captores me estaban tendiendo una trampa…
El 8 de diciembre nos trasladaron a la cárcel de Iquique. Se suponía que íbamos a pasar allí Navidad y Año Nuevo, pero como a las 9 de la noche nos dicen que tenemos que partir para Antofagasta. Pasaba por ahí un vehículo que trasladaba dos presos a la cárcel de seguridad de La Serena y tenía espacio. Así es que nos embarcaron ahí. Cuando llegamos a Antofagasta les solicitaron los papeles que autorizaban nuestro traslado; y como no tenían ni un papel, no nos dejaron seguir y nos retuvieron en la cárcel de Antofagasta. Ahí nos quedamos como 15 días esperando nuestros papeles, en un pabellón destinado a los presos políticos. Poco antes de Navidad nos dejaron salir, con la obligación de reportarnos en 48 horas en la comisaría de nuestro lugar de relegación. Ahí tomamos un bus que nos llevó hasta Vallenar. De ahí tomamos un bus de la empresa Incabus que nos trajo hasta Pueblo Hundido. Nos bajamos en el lugar donde Incabus tenía su agencia, curiosamente, ese mismo lugar es ahora mi oficina de contabilidad. Yo venía con una carta de recomendación para una persona que trabajaba en Ferrocarriles. Otra persona nos ofreció ese día ir a almorzar a su restaurante. Ahí mismo le pedí si podía pasarme una pieza para quedarme. Le dije que me costaría pagarle al inicio, pero que lo haría una vez que estuviera trabajando. Yo traía algo de dinero que alguien me había dejado en Antofagasta. Fueron a dejar un sobre con dinero a la casa del suboficial a cargo. Nunca supe quién me dio ese dinero. Poco después comencé a trabajar en contabilidad con don Calixto Ruiz. A él y a su familia tengo mucho que agradecerle. Con él aprendí mucho.

¿Por qué se quedó en DDA?

Cuando se cumplió el plazo de mi relegación, al año 76, yo ya me había casado. Además, con los antecedentes que tenía, ¿a dónde iba a ir? A esa altura ya había hecho amistades. Acá la gente no discriminaba si uno era de derecha o de izquierda. Nunca me hicieron ningún problema. Tal vez porque no sabían la razón que me había traído a DDA. Me sentí muy acogido. Yo sabía que podía salir a flote trabajando. Eso sí, no me metí nunca más en política. De ahí en adelante me dediqué al fútbol. Ese fue mi escape. En febrero del 74 me pidieron que asumiera como dirigente de un club que estaba en decadencia: “Unión Pueblo Hundido”.

¿Y su vínculo con la parroquia?

Lo primero que le dije a mi señora era que si nos casábamos sería por todas las leyes al tiro. Sabía que si tomábamos una decisión había que hacerlo con solidez. Así es que nos casamos por Iglesia. La fiesta fue todo un acontecimiento. ¡Duró como 4 días! La gente me conocía, tenía hartas amistades. No es algo que hubiésemos pensado. De a poco se fue agrandando la fiesta. La misma gente lo hizo. Por eso tengo mucho que agradecer.
Pero en esa época todavía no participaba mucho en la parroquia, hasta que las dos primeras hijas tuvieron que venir a la catequesis familiar. Antes de eso yo no tenía tiempo porque me iba a jugar a la pelota. Pero en ese momento yo me hice el propósito de asistir a la catequesis. Ahí comenzó mi cercanía, la participación en la Eucaristía. En esa época estaba el p. José Serrano que me pidió que me hiciera cargo de la economía de la parroquia.

¿Cómo partió su inquietud por la defensa del agua y el cuidado del medioambiente?

Diego de Almagro siempre ha tenido problemas con el agua. Recién en los 90 se instaló la red pública. Antes de eso nos teníamos que arreglar con el agua que nos repartían en camiones.
El año 2002 ocurrió una contaminación grave del agua potable. El agua salía turbia y hedionda. No se podía tomar. Por esa razón hubo manifestaciones de toda la gente con banderas negras. Nosotros ya habíamos formado el Comité del Agua y en esa coyuntura se creó una comisión más grande con médicos y gente experta. Fue la primera vez que nos juntamos todos para reclamar. Después de varias averiguaciones y exámenes del agua se logró establecer que había sido una minera la que había contaminado el agua: “Agua de la Falda”, una minera que extraía oro. En las muestras examinadas había aparecido Cianuro. La gente de la minera nunca reconoció su responsabilidad y la autoridad política quería dar vuelta la hoja y tapar todo.
Fue tanta la efervescencia que al final tuvo que venir la Intendenta Yasna Provoste. Vino a una reunión en el Centro Cultural, en la que comenzó a decir que ya estaba todo normalizado, que ya no había problemas. Ahí ocurrió que uno de los asistentes tomó el vaso que ella tenía en la testera, fue al baño donde vació al agua embotellada que contenía, llenó el vaso con agua de la llave y le dijo: “Beba esta agua”. Todo el mundo en silencio miraba a la intendenta, esperando su reacción. Ella no se tomó el agua, rompió los papeles que traía y dijo: “Todo de nuevo”. Ahí se formó una nueva comisión de la cual yo era vocero. Durante todo ese tiempo tuvimos régimen de racionamiento del agua en DDA. Había que buscar una solución.
Se determinó que la única solución era instalar una planta de osmosis inversa para tratar aguas industriales. El problema es que eso iba a repercutir en un alza de tarifas. Al final terminamos pagando el agua nosotros. Se nos ofreció un subsidio por el agua potable. Tuvimos que firmar ese acuerdo. De ahí en adelante proliferaron las aguas envasadas. En una reunión que tuvimos en la Intendencia nos mostraron los análisis de agua de otras comunas de la región. Mostraban que el agua de DDA era la mejor. ¡Porque todas las otras eran peores! Hasta ahí quedó la comisión.
Pasaron algunos años y fuimos convocados a la primera participación ciudadana para un informe de impacto medioambiental de una empresa que venía a instalarse; era el proyecto minero “Jerónimo”. Y ¿quiénes eran?: la misma empresa que antes se llamaba “Agua de la Falda”. Ahí nos dio toda la rabia. ¡Los mismos que contaminaron y nunca reconocieron presentaban ahora un nuevo proyecto con otro nombre! Era el mismo gerente. Fuimos a esa reunión y lo hicimos zumbar… ese gerente todavía está por aquí…camuflado, pero está. Esa fue nuestra primera participación ciudadana. El proyecto “Jerónimo” lo pararon, no sabemos si por nosotros o por otros factores. De ahí en adelante comenzaron a llegar proyectos de diversa índole. Nuestro afán nunca ha sido boicotear los proyectos. Tratamos de aprovechar lo que la ley nos ofrece para cuidar este lugar que vamos a dejar a nuestros hijos y nietos.

Ud. fue afectado por el aluvión. ¿Cómo fue eso?

En ese tiempo yo ya estaba pensando cómo disfrutar de la vida. Dos de mis hijos ya estaban recibidos. Y los otros dos en los últimos años.  Lo del aluvión fue impactante verlo y vivirlo en la casa. Cometí el error de haberme quedado. Si me hubiera pasado algo hubiese sido culpa mía. A nosotros nos fueron a rescatar a la casa y nos pidieron salir, pero yo no quise salir, pero por tontera. Uno pensaba que era como los anteriores, que no habían sido tan intensos ni tan largos. Yo pensaba que después de algunas horas bajaría el agua. Yo quería comenzar a sacar el agua apenas bajara el nivel. Pero pasaban las horas y no bajaba. Eran las 5 de la tarde y todavía estaba aislado. Por mi casa comenzó a entrar el agua como a las 7:30 de la mañana. Ahí logré que saliera mi esposa, y yo me quedé. Como a las 9 vinieron para sacarnos, pero el cargador quedó atascado. A las 5 de la tarde nos fueron a buscar en otro cargador que logró pasar cuando bajó un poco el agua. Estaba dada la alerta de que la gente de ese sector tenía que salir. Después llegó el aviso de que a las 6 de la tarde llegaría otra oleada de agua. No sabíamos cómo salir, pues estábamos rodeados por el agua. Armamos un sistema de dos cuerdas para poder pasar para el otro lado. Eran unos 30 metros. Se subió el primero a tratar de pasar y se hundió mucho, con lo cual nos dimos cuenta de que era muy peligroso. Yo llegué a pensar: “Hasta aquí no más llego”. Cuando bajó un poco el agua pudimos subirnos por una plataforma hasta el balde de un cargador frontal. Así pudimos salir. A las 8 de la noche fue tremendo.
Dos días después me atreví a ir a mirar. Hasta a los camiones se los había llevado. Mi casa quedó con 1 metro y medio de barro. Perdí todo. Mi mayor preocupación era el trabajo. Así es que limpié la oficina y logré volver a trabajar muy pronto. Esto fue el 2015. Recién el 2017 vine a darme cuenta de todo lo que había vivido. Me vino una depresión: no quería levantarme ni ir a la oficina. Y cuando estaba en el trabajo solo quería que llegaran las 8 de la noche para irme a la casa. Hasta el día de hoy tengo cuestiones atrasadas que tengo que solucionar. No quería saber de nadie más.
La parroquia nos facilitó una casa donde nos instalamos. Después de un tiempo no quería salir de ahí, no tenía energía ni ánimo para cambiarme a nuestra nueva casa. Mi señora me animó para que nos mudáramos.
Ahora analizo bien la cosa y pienso que deberíamos habernos ido de DDA.

¿Por qué?

Porque creo que, en lugar de avanzar hemos retrocedido. Me siento defraudado. Uno espera estar mejor de lo que estaba, pero no hemos avanzado nada; seguimos con las mismas peleas tontas de siempre. Tengo la impresión de que la gente no tiene conciencia de lo mal que estamos. La gente que tiene que hacer las cosas, lo único que buscan es ganar más plata. Todo se mueve por un fuerte personalismo, la búsqueda de la conveniencia personal. Creo que podríamos hacer las cosas mejor y no costaría nada. Lo único que la gente quiere es que les den la pasada para ganar plata. Una vez que tienen el papel que los autoriza en la mano, hacen lo que quieren. Lo que falla es la autoridad que no se pone del lado de la gente, sino que se ponen como aliados de las mineras. Las mineras hacen mucho lavado de imagen, apareciendo como empresas benefactoras de la gente. Lo que hay detrás es un desastroso modelo económico que tenemos que cambiar.